Una intervención de una hora, grabada en sala, se convierte en texto con minutos en un par de minutos: para las actas, para quien no estuvo, para la web o para un libro. Sin límite de duración.
Transcribir ahora, gratis →Lo hablado no es lo escrito: quita repeticiones, cierra las frases a medias, conserva las palabras del orador. En un sermón o un discurso público, una hora de habla son unas 8.000 palabras: divide el texto con títulos por temas, usando los minutos como guía.
El eco de las salas grandes es el primer enemigo: mejor una grabación cerca de la boca del orador que una desde el fondo. Aplausos, música y pausas no dan problemas, simplemente se ignoran. En intervenciones en varios idiomas, deja la detección automática.
No hay límite práctico: incluso tres horas se dividen y se transcriben enteras.
Sí, con el consentimiento del orador. En eventos públicos es buena práctica pedirlo de todos modos.
No: es la transcripción fiel de lo hablado. Revisa nombres y números, las palabras más fáciles de equivocar.